martes 19 de octubre de 2010

El desprecio, por Carmen Montes

... Pasan los meses y llegan las galeradas. Las galeradas del libro anterior, aquella novela de estilo parco y denso lleno de tropos peculiares que uno ha respetado casi como un esclavo. Uno empieza a leer, pero no reconoce el texto del autor. No reconoce su propio texto. O lo reconoce sólo parcialmente.

Entonces uno se pone nervioso, se revuelve en la silla, frunce el ceño, resopla presa del más amargo pálpito, recorre las páginas con la vista. Sí, no cabe duda, donde antes decía «Como si todo esto fuese un asado, una masa de hacer pan, un hombre viejo y cansado», ahora dice «Como cuando los niños juegan al escondite». ...