La cursiva anterior es mía, pero dado el caso, no sé si formularlo con más prudencia: se la he puesto yo. Sea como fuere, no cabe duda de que en el caso de fenómenos comerciales el nombre propio de un personaje se convierte en una marca; y es más barata una marca internacional que una nacionalizada, a la hora de producir toda la serie de productos adicionales, gorras, películas, muñequitos.
Podríamos pensar si este aplicar las podas del marketing sobre la traducción es una jardinería a destiempo, en lo que respecta a la calidad. O incluso preguntarnos...
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