lunes 14 de febrero de 2011

Muy propio (VII)

Casos claros los hay, pero son pocos. Pongamos una novela como Jingo Django, del aventurero Sid Fleischman.1 Ocurre en un Oeste más bien legendario, época aún de conquista. Veremos que es la tierra de Cactus John y de Doc Custis, de Jim Scurlock Cara Sucia, del caballero Jeffrey Peacock; se diría que no hay más margen que el de los motes, puesto que la tradición nos permite escoger entre Billy the Kid o Billy el Niño, pero no hay Guille que valga como pistolero.