viernes 25 de marzo de 2011

Muy propio (VIII)

A las conclusiones bonitas les tiende a fallar el cómo, así que la anterior la ponemos en un marco que le haga justicia y si acaso la contemplamos en los ratos de más nostalgia; porque a la práctica, aparte del afán, habrá que seguir yendo caso a caso, hasta determinar qué solución es menos mala. La de llenar el libro de notas al pie la creo yo mala en general para la novela —si no las lleva la original, no puede llamarse fiel a la traducción que las añade, por jugar a las paradojas—, y peor en el caso de la literatura infantil, que es poco amiga de los recursos académicos.